"Not all those who wander are lost."

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lunes, 24 de febrero de 2014

Conversaciones de ascensor

Hace unos días, en un ataque de aburrimiento y rozando el más puro masoquismo, caí en esa trampa en la que todas hemos caído alguna vez: tener el móvil en la mano y que alguna fuerza sobrenatural te haga cerrar el candy crush y hacer eso por lo que tus amigas considerarían que mereces ser lapidada. Ponerte a leer conversaciones antiguas. 








    

Conversaciones de esas que al leer, en el mejor de los casos se te escapa una sonrisa y, en los peores, un nudo en la garganta de esos que cuesta deshacer. Un nudo de echar de menos, de querer retroceder en el tiempo y hacer las cosas bien, y un nudo de darte cuenta de que, en realidad, no sabrías hacerlas de otra manera. 

Y vas leyendo, soltando a veces una carcajada por ese chiste del que te seguirás riendo por muchos meses que pasen, y otras un: "vaya idiota", refiriéndote unas pocas veces a el y otras tantas a ti misma. 

Pero llegas a ese punto del historial en el que algo cambia. Llámalo chispa, esa especie de complicidad entre los dos, esa forma de reiros de vosotros, llámalo X. El caso es que algo se apaga. Y sientes que ésta vez es la definitiva.


Y ya no te sale una sonrisa, y desaparece ese nudo en la garganta, y dejas de echar de menos a medida que vas leyendo y dándote cuenta de en qué se han convertido esas noches de hablar de todo y nada hasta las 3 de la mañana. Esas conversaciones que te tenían riéndote hasta que dolía la tripa se han acabado convirtiendo, inevitablemente, en conversaciones de ascensor.




Conversaciones por cumplir, no se muy bien si con el otro o con nosotros mismos, por sentir que no rompemos del todo ese lazo que a lo mejor no estamos aún preparados para deshacer, conversaciones de saber que estamos bien, que seguimos ahí, que sobrevivimos el uno sin el otro y que hasta nos va todo un poco mejor.

Ese "qué tal?" "Bien, tu?" cada 10 días, que tan poco me gusta y sobretodo, tan innecesario encuentro. Pero ahí estamos. Hablando del mal tiempo del fin de semana, o de la pereza que te da ponerte a estudiar. Colando alguna pregunta digna de Sherlock Holmes que pretende averiguar si alguno de los dos ha sido reemplazado ya por alguna pobre víctima que no sabe donde se mete.

Conversaciones de hacer como si se nos hubiera olvidado lo que éramos el uno para el otro, conversaciones para consolarnos, para sentir que aún formamos aunque sea una esquina diminuta de la vida del otro. Conversaciones en las que esperamos entre jaja y jaja que alguno de los dos ponga ese punto y final que hace tiempo nos sobrevuela y que ninguno se ha atrevido a dejar caer sobre el papel.



Pero, como en todas las conversaciones de ascensor, antes o después uno de los dos se baja.

Suena la campana, "un beso, ya hablaremos". Dejas de leer, y te das cuenta de que la próxima vez elegirás, sin duda,bajar por las escaleras. 

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