"Not all those who wander are lost."

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viernes, 1 de julio de 2016

Las despedidas



Si hay algo que odio por encima de todas las cosas, más que los domingos por la noche y los anuncios en la radio, son las despedidas.

Odio decir adiós. Y lo odio porque odio echar de menos. Odio esa sensación de vacío que te inunda cuando te toca despedirte de las personas que quieres. Despedirte de personas sabiendo, a veces, que no volverás a verlas. O sí, pero siendo consciente de que durante un periodo de tiempo más o menos largo, las vas a echar de menos.

Que te van a faltar, que estás obligado a vivir una temporada sin ellas a tu lado. Y es que a veces parece imposible, es tan fácil acostumbrarte a estar constantemente rodeado de las personas que quieres que ni te planteas que, en algún momento te va a tocar sobrevivir sin su compañía.

Pero llega ese momento, siempre llega. El momento de decir adiós. Y es que dicen los mayores que nunca somos conscientes de todo lo que tenemos hasta que lo perdemos, y no pueden tener más razón. Porque es ahí, en ese preciso instante en el que nos toca prescindir de una persona, cuando nos damos cuenta de lo muchísimo que completa nuestra vida y toda la falta que nos hace a nuestro lado.


Por eso, aunque odie las despedidas y siempre las vaya a odiar, puede que en realidad sean necesarias. Puede que nos ayuden a visualizar como sería nuestra vida si no tuviéramos a las personas que queremos a nuestro al rededor, y puede, también, que esto nos haga pararnos un segundo, darnos cuenta de lo enormemente afortunados que somos por poder contar con ellas, y dar simplemente gracias por tenerlas.

1 comentario:

  1. Una vez me dijeron que crecer es aprender a despedirse, pero es mentira. Yo creo que crecer es, entre otras muchas cosas que no me gustan, aprender que a despedirse no se aprende nunca.

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